Don José Antonio Cousiño
Q.E.P.D Don José Antonio Cousiño

BREVES PALABRAS PARA LA MISA DE REQUIEM DE JOSÉ
ANTONIO COUSIÑO
Agradezco la oportunidad de hacer uso de la palabra en representación
de amigos de José Antonio pertenecientes al Servicio Exterior de Chile.
José Antonio Cousiño, un intelectual y pensador genuino, derivó de la
Filosofía a las Relaciones Internacionales y desde el Instituto de Estudios
Internacionales de la Universidad de Chile -el gran centro de
pensamiento de nuestra Política Exterior- pasó a la Cancillería, en la que
serviría como profesional experto por varias décadas, principalmente en
la Dirección de Planificación Estratégica y, luego, en la Dirección
General de Política Exterior.
Su labor analítica y de asesoría se centró en la diplomacia nacional hacia
el Océano Pacífico, materia sobre la que recae su tesis de Magister en
Relaciones Internacionales por la Facultad Latinoamericana de Ciencias
Sociales (FLACSO), algunos de sus trabajos académicos circulan hasta
hoy en portales especializados y preservan su valor. Desde el podio
académico realizó una labor pionera para concientizar sobre la
necesidad de una vigorosa presencia chilena en el Pacífico.
Así mismo, profundizó en la importancia de Rapanui y el archipiélago
Juan Fernández para la expansión de los espacios oceánicos bajo
soberanía nacional. Así, con motivo de la Cumbre de APEC del 2004
promovió una exitosa conferencia que tuvo lugar precisamente en Isla
de Pascua.
Su vasto conocimiento de las naciones insulares del Pacífico le permitió
adentrarse en la agenda de descolonización de las Naciones Unidas,
incluyendo su participación regular en los trabajos del Comité Especial
de Descolonización de la Asamblea General, familiarmente conocido
como el “Comité de los Veinticuatro”. En éste llegó a ser uno de los
expertos más respetados, alcanzando la condición de Consultor de
Naciones Unidas.
Recuerdo nuestras conversaciones en Nueva York con motivo de las
reuniones anuales del Comité, que me permitieron entender este foro
como un microcosmos de tensiones geopolíticas y diplomáticas en el que
colisionan las pretensiones de poder de potencias de todo calibre y las
aspiraciones de autodeterminación de poblaciones maltratadas por la
historia. Chile debe navegar esas aguas con destreza y tino, guardando
un interés nacional definido en función de principios e intereses. José
Antonio fue un certero piloto de esa navegación.
En particular, su trabajo diplomático contribuyó a implementar un curso
de acción eficaz ante la disputa de soberanía sobre las Islas Malvinas.
Esa labor, realizada con mesura y perseverancia, pero también con
corazón fue reconocida por la hermana República Argentina, que le
confirió su honor más alto: la Orden del Libertador San Martín.
Alcanzar la condición de experto Consultor que José Antonio conquistó
requiere no sólo inteligencia y conocimientos, sino dotes de empatía,
comunicación y negociación que son propios de la diplomacia. Nuestro
amigo demostró en los hechos y con éxito que los talentos diplomáticos
también pueden ser cultivados fuera del Servicio Exterior. Con todo, su
ejemplo inspiró a su hijo Felipe, compañero nuestro quien abrazó la
carrera diplomática y hoy sirve como Embajador ante el Reino de
Dinamarca.
Los amigos de José Antonio en el Servicio Exterior y en la Cancillería
que hoy tengo el privilegio de representar dan testimonio de sus
condiciones de caballerosidad y señorío, expresadas a lo largo de los
años en innumerables muestras de solidaridad y afecto.
Personalmente, estoy profundamente agradecido por su asistencia en la
Dirección General de Política Exterior, en la que su consejo y
camaradería se manifestaron en plenitud. José Antonio tenía ciertamente
un estilo peculiar, que combinaba la agudeza con un fino sentido del
humor y todo ello envuelto en un talante pausado en el que sólo el brillo
a veces irónico de su mirada delataba una cabal comprensión de la
naturaleza humana.
Teníamos un código propio: yo lo llamaba el “Abate Cousiño”, mote que
él replicaba con “Monseñor Labbé” …confieso que estas investiduras
recíprocas no fueron consultadas a la Santa Sede.
José Antonio tenía una fe tranquila, manifestada en su devoción por la
familia. Nuestras oraciones acompañan hoy a Niní y a sus hijos y a sus
nietos aquí presentes. Su fe se vertía también en una vocación por la paz
y el entendimiento: “Bienaventurados los que trabajan por la paz, pues
ellos serán llamados hijos de Dios”.
Don José Antonio Cousiño, servidor de la República, obrero de la Paz,
maestro, consejero y amigo, entra en el gozo de tu Señor.
Muchas gracias